Todo nos hace daño: una carta

Por Ernest Vail

Tarde o temprano ella se asomará por la ventana y el mundo comenzará a hacerle daño. Porque eso es lo que siempre pasa. Y no importa lo que diga en el periódico su signo del zodiaco. Porque afuera hay contaminación y sol. Tristeza y tráfico.

Y afuera también están todas esas personas asustadas que caminan buscando las oportunidades que nunca se les van a poner enfrente. Y van jodidos. Y van odiando. Sintiendo pena de sí mismos. Y en general afuera hay todas esas cosas que rigen nuestras vidas cuando en realidad no deberían de importar demasiado.

Y luego están la envidia del mundo y el rencor de dios. Y las noches y las hojas que se mueren en árboles ancianos. Y las banquetas y su ruido y los tacones y las putas. Y todas esas caras. Y toda esa gente. Escapando. Y el cielo si es gris y todos esos millones de libros que al final tratan del mismo desconcierto.

Así que en cuanto ella se asome por la ventana o ponga un pie fuera de casa, todo se va a venir abajo.

Por eso estoy escribiendo esta carta.

Y podría pensarse que mi intención es advertirle que no se asome por la ventana o que no ponga un pie fuera de casa. Pero la verdad es que quiero encontrarla cuando salga. La verdad es que no sé cómo evitar que todas esas cosas le hagan daño. La verdad es que no quiero salvarla.

Y por eso estoy escribiendo esta carta, una carta que no va a explicarle nada. Pero quién coño quiere explicar algo. Nunca podremos verlo todo, así como nunca conoceremos la otra cara de la luna, así como seguiremos creyendo que el sol que sale al otro lado del mundo es el mismo que nosotros vemos de día.

Entonces estoy escribiendo esta carta para decirle que todo nos hace daño y que no puedo salvarla. Aunque a ella no le importe que nadie la salve, ni que nadie le escriba cartas.

Los titulares

Supuso que sería fácil. Nada en las fotografías indicaba lo contrario. Las esquirlas de vidrio regadas en la acera, el cuello roto levemente inclinado y el cuerpo flojo sin peso, figuraban como detalles incidentales, meros adornos. Lo que realmente importaba a Clara era la expresión impresa. ¿Han notado lo radiante que se ve un rostro abatido en la prensa roja?

Aunque a Clara parecía no preocuparle el precio que exigían los titulares, nunca pensó que ser asesinada costara tanto trabajo. A esta conclusión llegaría más tarde, pero de inicio, el periodismo rojo se le arrojaba como la advertencia de una ciudad desmoronándose. Por ello, no habría más que esforzarse un poco para conseguir ese último éxtasis que gustaba de manifestarse en la desgracia.

Como parte de su plan, Clara solía pasear por las zonas que los periódicos mencionaban en sus notas: desde colonias con asalto a mano armada hasta bulevares repletos de yuppies ebrios. Cualquier escenario que sugiriera tragedia se inscribía a su riguroso itinerario.

Digamos que hasta ahora, Clara había fracasado. En alguna ocasión logró ver un hombre atropellado al cual los paramédicos ya atendían. Pensó que había llegado tarde y endureció su rutina. Aquellos paseos nocturnos no dejaban nada al azar. Las rutas, que de por sí eran inquietantes, se habían convertido en una excentricidad con proyecciones estadísticas y monitoreos virtuales.

Una noche, de regreso de una construcción vial en obra que formaba parte del itinerario, un par de vigas colgantes se balancearon rítmicamente sobre Clara. Este suceso, que para un supersticioso hubiera significado una señal, para Clara, una racionalista recién convertida, carecía de importancia.

Varias cuadras después, mientras mentalmente repasaba la visita de la próxima noche, un hombre se dirigió hacia ella sin que ésta lo notara. Cuando Clara alzó la vista, el hombre la amenazaba con una navaja. ¿Por fin tendrían sentido todos los lugares deambulados? ¿Por fin se haría de ese rostro rebosante de alegría?

Lo que siguió no fue dramático. Clara sabía que oponerse al asalto justificaría un ataque, pero también sabía que hasta ahora, esa táctica no había funcionado. Fue así que Clara, con la vehemencia propia de alguien obsesionado, improvisó una serie de insultos tan soeces, que podrían haber enardecido a un cantinero. Sin mucha gracia, el hombre clavó la navaja en el vientre de Clara y huyó.

Clara estuvo muy poco tiempo consciente tras el ataque. El médico que la atendió en el hospital, comentó que pese a toda la sangre perdida, Clara había llegado con vida y, lo más extraño de todo, había llegado sonriendo.

Cuando Clara despertó en las horas siguientes, el médico la recibió con el periódico del día del ataque. En la portada aparecía el agresor sepultado por un derrumbe ocurrido en la construcción vial que Clara había visitado. Mientras Clara miraba el rostro del hombre, el médico explicaba su actual estado de salud. No habría mucho que lamentar, acaso una cicatriz en lado inferior de su vientre que, en palabras del doctor, funcionaría como un recordatorio de lo afortunada que había sido.

Contra todas las flores

Escuché que algunas religiones tienen oraciones especiales para cuando las personas desaparecen de tu vida. Quisiera conocer alguna. Antes de que Todo Esto se acabe. También quisiera poder disparar contra todas las cosas que definen el futuro y contra todas las flores. Pero supongo que nadie sabe en realidad de qué se trata Todo Esto. Por eso le llaman enamorarse.

Y yo tenía una novia hermosa que andaba siempre con hermosos vestidos. Pero las chicas bonitas no pueden quedarse para siempre contigo porque entonces dejarían de parecerte bonitas y se convertirían en chicas normales.

Y ahora estoy con una chica nueva y es la chica más bonita que jamás haya visto antes. Y ella me ha visto comer solo y beber solo y me ha estado viendo el tiempo suficiente para aceptar cualquier mentira que yo pueda contarle.

“¿Te sientes bien?”, dice la chica nueva. Bueno, estar bien es una carga, quiere decir que estás preparado para tener un enfrentamiento, para que lo peor llegue. Estar mal, por el contrario, significa estar tranquilo, sentirte como una casa quemada durante una gran guerra con toda una familia dentro.

“¿Cómo es eso?”, dice la chica nueva. Es como mantenerte lejos de los retos. Lejos de tus obligaciones. Incapacitado para todo. Lejos de la responsabilidad de ser tú mismo. Momentos de paz absoluta. De esfuerzo cero.

“¿Y cómo te encuentras justo ahora?”, dice la chica nueva. Creo que mal, lo que quiere decir bien. Aunque me gustaría conocer alguna oración para cuando tú también desaparezcas. Lo que trato de decir es que te quiero. Que estoy jodido. Que. He. Caído. Y Todo Eso.

Los lunares esperan

Me rehúso a que sepas el trabajo que me ha costado empezar esto. El solo hecho de precisar cuándo ocurrió es un golpe a la cabeza. Es como si cada vez que lo intentara, una conspiración se ensañara en recordarme el lunar escurridizo que solía aparecer en tu hombro izquierdo.

Antes de que digas algo, sé muy bien que ninguna historia original se puede extraer de un lunar. Que ya se ha hablado hasta el cansancio de su forma, posición o astucia. Que hay lunares tan ilustres que tienen biografía; pero vamos, me resulta un tanto adolescente creer en la originalidad.

A lo que voy es que es sorprendente lo que un lunar puede provocar si viaja al lugar correcto. Si el lunar es inteligente, buscará un sitio recóndito y esperará. Porque eso es lo que hacen los lunares: se apropian de un pedazo de piel y esperan. Esperan el viento semi lento, los ojos despiertos, las ramas desnudas o un loop de labios necios.

Mientras esperan, los lunares recuerdan el camino que tuvieron que recorrer. Repasan cada milímetro y a veces se arrepienten. Se arrepienten porque tuvieron la oportunidad de aguardar en un muslo dotado de ternura y no lo hicieron. Y la verdad es que no saben por qué no lo hicieron, por qué un lugar tan recurrido les pasó inadvertido.

Y todo lo anterior te lo cuento para explicarte que tu lunar ha desaparecido. No quiero hacerme ideas alarmistas pero creo haberlo visto irse. Posiblemente el tiempo y sus palabras lo ahuyentaron o simplemente se fue porque se cansó de esconderse1.

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1 SOBRE LOS LUNARES QUE SE CANSAN DE ESCONDERSE

Es bien sabido que los lunares pueden esperar eternidades. Incluso, se sabe de un lunar que se mudó de piel para seguir esperando. Nadie acusaría a los lunares de impacientes.

Lo que un lunar nunca tolerará es el olvido.

Cayendo a tu lado

Es posible que algunas personas piensen que estás perdida pero la verdad es que no eres tan débil como pudieran pensar. El problema es que todos los cambios son raros y que hasta el momento ninguno te ha tomado con el peinado indicado. Pero eso no importa demasiado porque ya todo el mundo sabe que las chicas confundidas solo son chicas con miles de posibilidades distintas.

Y también es posible que cuando camines por la calle no parezcas una persona de provecho pero por lo menos no te paras a disparar contra los niños en un parque. Y claro que deseas ser tan rica como una estrella de cine pero eso es por culpa del precio que la gente le ha puesto a las cosas.

Y ya sé que tengo un montón de problemas y que tú tienes los tuyos. Y ya sé que no son grandes problemas pero son nuestros problemas y uno siempre eleva sus problemas como si fueran lo máximo del mundo.

Por eso solo puedo sugerirte que te quedes aquí y que te olvides de todo. Sé que pienso mucho en desaparecer pero eso es porque el amor te hace tener a la muerte presente todo el tiempo porque es la única fuente de comparación. Y no hay salida para eso porque no existe en el mundo alguien tan listo como para no enamorarse ni alguien tan listo como para estar por siempre solo.

Yo por mi parte puedo enseñarte hacia dónde tienes que voltear para que el sol no te lastime pero no puedo hacer mucho más que eso. Porque puedes apretar los ojos cuando duermas pero eso no hará que las pesadillas se alejen. Y puedes tomar algunos atajos y esquivar algunas desgracias y algunos destinos pero siempre te los vas a encontrar reunidos a la vuelta del camino.

En cualquier caso, la verdad es que no eres tan débil como todos pudieran pensar. Y en cualquier caso, sabes que voy a estar junto a ti, diciéndote que todo va a salir mal. Cayendo a tu lado.

Quizás el vago murió

Adherirse a una creencia resulta improductivo en estos tiempos. Pensar que un ser desconocido otorgue favores sin esperar nada a cambio se asemeja más a una fábula decimonónica que a un evento posmoderno. No es raro, entonces, que Matilde no simpatizara con manifestaciones de altruismo. Y pese que gustaba de hechos estadísticamente poco probables, no dejaría su suerte a un extraño.

El jueves último de cada mes, Matilde salía litúrgicamente de su casa en Vallejo y viajaba a Taxqueña, ida y vuelta, con un solo fin: encontrar los números de la lotería. El viaje en trolebús le permitía observar las luces de Eje Central y, con un esfuerzo inusual, localizar aquellas fundidas que sabotearan el ostentoso fulgor de la ciudad.

El insoportable ruido que atestaba la calles por el día, impedía a Matilde concentrase en la búsqueda. Cómoda con la reducción de estridencia ocurrida al anochecer, sentía a tope su clarividencia y se envalentonaba a interpretar las luces con la seguridad propia de una quiromántica que deduce el futuro de simples líneas en la mano.

Absorta en su misión, Matilde no percibió el ascenso de un vago al trolebús. Distinguió una bolsa de mandado multicolor pero no prestó atención al individuo que la sostenía. El vago exhibía un gesto de éxtasis; recién había ingerido un frasco de Benzedrina caduca. Sin importarle la escasez de público, el vago ofreció un discurso incomprensible pero de una oratoria admirable.

Aunque para Matilde la perorata fue común y corriente, un regocijo atravesó su interior. Se presentó antes sus ojos una ráfaga de números a una velocidad tal que no pudo contener. Preocupada por atrapar los dígitos que le cruzaban la cara, apuntó en su antebrazo tantos como pudo. Cuando terminó de apuntar, el vago no estaba.

Un poco aliviada del arrebato, quiso relacionar los números que vio con las luces que logró aislar. ¿Habrá sido aquella marquesina parpadeante el 7 que pintó en su antebrazo? ¿O el semáforo descompuesto el 2 que tenía casi tatuado? La verdad no importa mucho, pensó. Lo había conseguido por cuenta propia.

Sobra decir que la pequeña fortuna que Matilde consiguió hace mucho se extinguió. Matilde aún no cree en la suerte por lo que ha intentado repetir el mismo escenario centenares de veces. Muy dentro de ella sospecha que quizás el vago murió.

Nadie nos verá pasar

Toda mi vida he querido ser un poeta maldito. Si alguien me hubiera preguntado a los ocho años qué era lo que realmente me habría gustado ser, ¿sabes lo que habría contestado? ¡Coño, lo único que realmente quiero ser es un poeta maldito, besar a las chicas bonitas y luego echarme a correr! Eso es lo que yo les hubiera respondido. Pero si no lo preguntan cómo diablos lo iban a saber.

Y quería probar ciertas drogas y subir un poco, dormir la menor cantidad de tiempo y quería sentir que mi cabeza y mi cuerpo no corrían por la misma calle. Luego quería mantenerme solo por muchas horas y al mismo tiempo rodeado de mucha gente. Quería sentir un dolor extraño y quería poder explicarlo de una forma confusa. El problema es que nunca nadie me preguntó qué es lo que yo realmente quería ser. Y así es como llegué aquí. Con la más absoluta incomprensión.

La única persona que lo supo fue una chica a la que se lo conté cuando teníamos 16 años, y se lo conté porque fue la única forma en la que ella aceptó acostarse conmigo, pero el polvo fue tan malo que al final me dijo, chico, olvídate de tus sueños, es más fácil que dios se vuelva ateo a que tú consigas eso. Ahora sé que lo dijo porque el polvo fue malo y no porque de verdad quisiera hacerme daño. Aunque en realidad el polvo no fue tan malo. Porque ningún polvo es malo.

El caso es que yo seguí en mi camino. Leyendo las cosas que no están en los estantes de la escuela ni en la biblioteca de nuestros padres. Bailando, descuartizado y ebrio, por las calles que nadie pisa cuando tiene 16 años. Comiendo mal, sin futuro, pero manteniendo el estilo. Haciendo a un lado las flores de la juventud y sumiendo la cara en la mierda. Noches de hierba. Noches de ácidos. Noches de probar cosas que te hagan sentir bien. Que te hagan sentir más rápido que el autobús al que tus padres quisieron que te subieras. Que te hagan sentir más listo que el chico al que tus padres quisieron que te parecieras. La sensación de estar lejos. Tan lejos como puedas estar. Tan lejos de ellos. De lo que quisieron que fueras. Más cerca del choque. A punto del colapso. De no necesitar a nadie.

Y es tiempo de festejar todo eso. De ver algunos cambios. Y puedes venir conmigo. Deberías venir conmigo. Porque a un lado del camino no vas a ver nada. Pasaré tan rápido que no verás nada. Por eso tienes que estar junto a mí e ir tan rápido como yo vaya. Iremos tan rápido que nadie nos verá pasar. Iremos tan rápido que despeinaremos a todas las personas que no nos preguntaron a tiempo lo que queríamos ser de verdad. Y les diremos: hey, puedes creer en mí o no creer, o puedes irte a la mierda y luego morirte, estoy haciendo lo que puedo, no esperes que sea distinto. Sí, les diremos eso. Pero tienes que venir conmigo. Porque de otro modo nada tiene el menor puto sentido.

No hagas caso a mi voz si diriges mi sombra


Voy a mentirte, dalo por hecho. Inventaré pretextos que embelesen mis miedos. Rimas asonantes dispersas en canciones lentas. Promesas apócrifas que podamos romper. Diré: nada de esto es cierto.

Voy a mentirte y no porque quiera mentir. Haré ficciones con tu cintura, epopeyas de tus dedos largos y blancos, de otra especie. Incitaré la huída y clavaré un ancla en tu pecho. Diré: que nadie nos mate, podemos morir solos.

Voy a mentirte, minotauro. No para que te alejes de mí, sino para recordar que nunca te has ido. Lavaré mi cerebro con tinta seca y aguarrás. Imploraré perdón al mundo por su vulgar ingenuidad. Diré: no hagas caso a mi voz si diriges mi sombra.

Si todo esto sale bien

Toma la pistola y no dispares en la dirección equivocada. Yo voy corriendo a tu lado. A menos de un metro de distancia. Y ya sé que la suerte no va a durarnos para siempre pero también sé que aunque falles voy a seguir corriendo a tu lado.

La gente se ha organizado y ha montado patrullas urbanas. Y vienen por nosotros. Así que respira hondo y no trates de entender qué está pasando. Mientras dure esta locura prefiero quedarme a tu lado. Me gusta ese gesto que haces cuando nada te importa demasiado.

Ahora parece que hemos corrido tanto que nuestros zapatos son más pequeños y que las agujetas comienzan a ahorcarnos. Pero no te detengas. Escucha las sirenas. Escúchalas cada vez más cerca. Es momento de comenzar a pensar en lo que harán con nosotros cuando se enteren de lo que estamos planeando.

En algún lugar escuché decir a alguien que la última imagen que ves antes de morir no es una luz blanca sino a todos los niños del mundo corriendo lo más rápido que pueden para escapar de una matanza. Entonces debemos seguir escapando. Y ya sé que tenemos un mapa falso pero también sé que el tesoro puede estar en cualquier lado.

Y si todo esto sale bien, al final no tendremos amigos y yo me encargaré de tus enemigos mientras tú te encargas de los míos. Y si todo esto sale bien, en navidad vigilaremos el cielo desde el techo de mi casa para destruir todos los regalos que no sean nuestros. Y por las mañanas dormiremos un poco y por las noches pelearemos usando nuestros cuerpos, y las cicatrices durarán solo un momento porque nunca nos daremos veneno sin remedio. Pero ahora tienes que seguir corriendo. Conmigo a tu lado. Con la pistola en tus manos.

Lo más terrible del fracaso: un año

fermín blanco

Trabaja duro hasta que encuentres lo que buscas o te vuelvas loco. Escribe, lee y muere como un Don Nadie, pretendiendo que tienes la verdad. ¿Qué es la trascendencia sino una serie de factores que en la mayoría de los casos están fuera de nuestras manos? Talento, estar en el lugar y el momento indicados, una idea en una borrachera. Hasta ahora, ninguno me ha llegado… Soy la apatía, la pretensión, el mal gusto y la desilusión que caracterizan a mi juventud. Todas mis historias inconclusas. Disparos fallidos que apuntaban a la cabeza y al corazón. Pero vuelvo a cargar el revólver y como un vaquero borracho me dispongo a lanzar un tiro. El verdadero arte aflora solo, entre la frontera de la inconsciencia y el sentimiento puro. Es lo que hay.

sergio b. huidobro

Lo más terrible del éxito es que dependa del juicio de otros. Lo más terrible del fracaso es que depende de las carencias propias. Lo primero lo afirma Séneca. Lo segundo lo comprueba cualquier otro. No hace falta llegar a los 35 siendo la burla triste, agria y seca de lo que se soñaba cuando joven; a uno le basta con escribir. No hay registro de fracasos más sensato que la literatura que aquí nos interesa. Si somos benévolos o complacientes, lo que ha aparecido aquí no es del todo un fracaso. Si somos honestos, tampoco es literatura. No importa. Sea lo que sea, hoy cumple un año. Aunque felicidades no sea la palabra.

sergio solís

Insistir al punto de la necedad. Negar la derrota con agujas en los ojos: mirar el vacío interno y creer que se puede llenar. Y seguir así hasta la arrogancia. Descuartizar palabras no con el fin de escribir, sino de fracturar algo; lo que sea. A uno mismo.

ernest vail

Chico: Toma tu pistola. Es momento de que seamos sinceros. Y es momento de contar la verdad sobre todo esto. Que nadie escribe para sentirse menos solo ni porque tenga miedo. Que nadie lo hace por eso. Tampoco para soportarse a sí mismo. Que esas son puterías fundamentales. Así que lo primero que tienes que admitir es que siempre has escrito para tener algo que de otro modo no habrías conseguido. Quiero decir cosas imposibles. Eso es lo que has hecho el último año en este blog demente. Y todo por esa chica. Ya sabes a quién me refiero. Todo esto han sido los medios para un objetivo. Romanticismo perverso. Dañino. Todo esto. A más B. Los acentos. Planes secretos para su cuello. Descolgarte por una coma hasta sus senos. Intenciones que rompan la historia en su ombligo. El puto centro de tus cuentos. Y mientras ella te siga disparando, tú vas a seguir respondiendo, como si fueras el revólver de un imbécil: con una bala de verdad y una de salva, una de verdad y una de salva, una de verdad y una de salva.