Los lunares esperan
Me rehúso a que sepas el trabajo que me ha costado empezar esto. El solo hecho de precisar cuándo ocurrió es un golpe a la cabeza. Es como si cada vez que lo intentara, una conspiración se ensañara en recordarme el lunar escurridizo que solía aparecer en tu hombro izquierdo.
Antes de que digas algo, sé muy bien que ninguna historia original se puede extraer de un lunar. Que ya se ha hablado hasta el cansancio de su forma, posición o astucia. Que hay lunares tan ilustres que tienen biografía; pero vamos, me resulta un tanto adolescente creer en la originalidad.
A lo que voy es que es sorprendente lo que un lunar puede provocar si viaja al lugar correcto. Si el lunar es inteligente, buscará un sitio recóndito y esperará. Porque eso es lo que hacen los lunares: se apropian de un pedazo de piel y esperan. Esperan el viento semi lento, los ojos despiertos, las ramas desnudas o un loop de labios necios.
Mientras esperan, los lunares recuerdan el camino que tuvieron que recorrer. Repasan cada milímetro y a veces se arrepienten. Se arrepienten porque tuvieron la oportunidad de aguardar en un muslo dotado de ternura y no lo hicieron. Y la verdad es que no saben por qué no lo hicieron, por qué un lugar tan recurrido les pasó inadvertido.
Y todo lo anterior te lo cuento para explicarte que tu lunar ha desaparecido. No quiero hacerme ideas alarmistas pero creo haberlo visto irse. Posiblemente el tiempo y sus palabras lo ahuyentaron o simplemente se fue porque se cansó de esconderse1.
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1 SOBRE LOS LUNARES QUE SE CANSAN DE ESCONDERSE
Es bien sabido que los lunares pueden esperar eternidades. Incluso, se sabe de un lunar que se mudó de piel para seguir esperando. Nadie acusaría a los lunares de impacientes.
Lo que un lunar nunca tolerará es el olvido.

