Los tipos duros no duermen
4:00 hrs. Detesto los relatos que comienzan con un despertador.
5:11 hrs. Me parece que hay algo musical en el azul índigo que precede al amanecer. Un silencio melódico que te enfría las venas.
6:15 hrs. ¿Han notado el haz de luz blanca que aparece en los ojos cuando se miran al espejo? ¿Ese destello que se extingue con las horas? ¿La forma en que la energía se fuga sin poder ser contenida?
9:53 hrs. Aún no comenzamos a filmar. La actriz protagónica es una maniática de Televisa —otra— que busca darle un giro a su carrera haciendo cine. Uno de sus delirios, por ejemplo, le impide aparecer en el set antes de las doce. Todos saben que no aparece porque le encanta el perico.
11:29 hrs. Y no la juzgo: ¿quién puede estar despierto con tanta luz sin estar drogado?
12:58 hrs. Hay un baño que nadie usa. Para llegar tienes que salir de la locación y luego bajar por unas escaleras que dan al sótano. Nadie viene a este baño porque en realidad a nadie le gusta estar en un barrio pobre. Un espejo roto y un foco que enciende al tirar de un cordón son lo único que acompañan al retrete. Saco mis llaves de la bolsa, escojo una delgada, tomo la diminuta bolsa de mi cartera y apago la luz. No la necesito para hacer esto.
12:59 hrs. Cuando la enciendo me veo en un pedazo de espejo y descubro en mis ojos los destellos blancos. Se pasean por mis pupilas como sombras movedizas. Como serpientes en el agua.
18:19 hrs. El celular vibra un par de veces. Es un amigo que opera cámara; tiene una wrap party cerca de mi locación.
21:55 hrs. Terminamos de filmar. Nadie sonríe porque acabamos dos horas tarde. Salgo sin despedirme de nadie. Los demás corren a sus casas. A descansar. Van a casa por rutina. Para ellos el hogar es una recompensa, la materialización de su esfuerzo. Pero los tipos duros no duermen. Los tipos duros no vuelven a casa.
22:49 hrs. Antes de entrar mi amigo me ofrece un par de líneas. Para despertar, dice mi amigo. También dice que esta cocaína ha mantenido al crew con vida. Dice que hasta el director la probó.
23:27 hrs. La fiesta es en la locación de una película. Una bodega de techos altos de principios del siglo XX: paredes derrotadas en tonos mostaza, trabes de madera corroídas, ventanales tapizados con papel viejo. Es el tipo de lugar pobre y destruido que le fascina a los burgueses.
24:00 hrs. La gente está ebria. No se requiere mucho para que un cuerpo agotado termine eufórico. Los veo bailar en su propio sitio. Aún es muy temprano para convertirse en bestia.
01:09 hrs. Una chica de Arte entra a la fiesta. Sé que es de Arte porque es la última en llegar. Esta chica pertenece a esa categoría de criaturas salvajes que suelen dejarte herido.
02:14 hrs. La chica se acerca. O quizás yo me acerco a ella. El punto es que al final estamos a escasos centímetros el uno del otro. Ella parece un poco aturdida. O quizás soy yo el aturdido y por eso es que la veo así. Entonces ella acerca su cara sin moverse de su sitio y toma mi brazo. O quizás soy yo el que me acerco y tomo el suyo.
4:07 hrs. No sé en qué momento entramos juntos al baño pero ahora nadie nos observa. A esta distancia y con la luz sobre nosotros, por primera vez en la noche veo sus ojos totalmente iluminados. Y ahí están. Los pequeños destellos blancos más tristes que haya visto. Y entonces me fijo bien y puedo ver la inestabilidad encapsulada. El sinsentido en común. El virus de la vida.
4:24 hrs. Escucho que tocan la puerta. Una mujer desesperada grita por su turno. Antes de salir la chica coloca unas gotas en mi lengua. Y salimos del lugar.
6:45 hrs. En quince minutos tengo llamado. Estoy en una cama que no es la mía. Otra vez la música que no suena. Volteo y ahí está ella, acostada a mi lado. Sus ojos están cerrados pero sé que me escucha cuando le digo que tengo llamado. Y me voy. Me voy antes de que suene el despertador.










