Ocho minutos para explicarlo todo
//ernest vail
Escribo esto a la velocidad de la luz. Y a escondidas. Tengo solamente ocho minutos para hacerlo. Exactamente ocho minutos. En ocho minutos quitarán la luz como siempre quitan la luz después de las diez de la noche y tendré que volver a esa cama mugrosa y llena de piojos a esperar a que el día comience de nuevo.
Tú dijiste que esto no pasaría. Eso dijiste. O sea que estabas equivocada. Dijiste que a veces la porquería se te amontona y se te quiere meter por las orejas pero que siempre conseguiríamos ponernos a salvo. Bueno, pues eso no es verdad. Porque nadie puede salvarte de nada.
Y ya solo tengo siete minutos. Y sigo perdiendo el tiempo. Me tienen encerrado, eso es lo que quiero decirte. Me tienen encerrado como tienen encerrados a más de trescientos hombres en esta Institución Mental para Gente Perdida. Y se supone que no podemos tener contacto con la gente de afuera. Se supone que nos están curando. Pero la verdad es que nada está cambiando. Porque nada cambia nunca. Porque nadie puede salvarte de nada.
Y ahora solo me quedan seis minutos. Seis minutos antes de que pase el custodio y diga que debemos apagar las luces. Si descubre que tengo una computadora me obligarán a tomar mañana una sesión doble de Risoterapia y del Pequeño Curso para Un Optimismo Renovado. Para eso nos tienen encerrados. Dijeron que éramos un virus y dijeron que podíamos comenzar una Epidemia Mundial de Liberación y Pesimismo. Y cuando lo dijeron sus bocas se abrían apestosas como cloacas. Dijeron que éramos hombres escupidos por dios, evacuados por todos los días de mala suerte del mundo.
Me sobran tres minutos. A lo lejos se escucha cómo el celador grita que a la mierda todas las luces. Pero de momento sigue en el pabellón B, caminado lento y encorvado. Y yo estoy en el C-4. No es que crean que estamos locos, simplemente piensan que nuestro desconsuelo es peligroso. Por eso tratan de ayudarnos. Por eso nos dan por las mañanas un Taller de Relaciones Interpersonales Efectivas y a medio día un Seminario para la Convivencia Feliz y Permanente.
En alguna parte de todo supongo que tienen razón en algo. En alguna parte de todo quienes estamos internados en este sitio nos quedamos sin ambición, sin talento, sin oportunidades. Lo único que nos mantenía fuera del basurero era la pura suerte, y la pura suerte nunca dura. Y es por eso que ellos te mandan aquí. Para intentar salvarte. Salvarte de ti mismo.
Ahora me queda un minuto. Un minuto antes de que todas las luces desaparezcan. Y podría seguir por mucho, muchísimo tiempo, describiendo el círculo, la forma en que a veces caer te levanta. Pero el celador se acerca y tengo que apagar la computadora.
Luego las luces se apagan. Luego recuerdo alguno de los días más felices a tu lado. Luego imagino que tomo una nube, te subo y te empujo, y que eres como la novia sirena de un pirata ahogado. Luego congelo ese fotógrafa. Luego maldigo la oscuridad y el frío. Luego me fastidio a mí mismo.


Bueno