Aburrido
//sergio solís
Hace varias horas que anocheció. Las mismas horas que llevo caminando por una carretera olvidada en medio de un bosque árido. En los árboles laterales la luna derrama tonos de sombra que serían imperceptibles en la ciudad. Aunque en escasas ocasiones un automóvil ilumina mi trayecto, el camino se mantiene cobijado por un velo azul oscuro que hace prescindible la luz.
Y no me detengo.
Y mientras camino pienso en todas esas cosas en las que no podría pensar rodeado de gente. Pienso que gran parte de mi problema es el ritmo que llevo. Porque no voy al ritmo de los demás ni cuando los demás caminan junto a mí. Porque hace tiempo duermo menos y como menos. Y sobre todo, porque estoy aburrido: aburrido de los rostros que cambian sin aviso, de las historias con nombres de personas que no quiero recordar, de las citas inservibles que se leen en todos lados. Y entonces me doy cuenta que este aburrimiento crónico no es algo nuevo. El silencio siempre ha sido mi forma más honesta de socializar.
Sin quitar los ojos del camino, intento abstraerme por transcursos prolongados. Fracaso. Hay tantos ruidos tenues y luces puntuales que no logro concentrarme. Y entonces, a lo lejos, escucho el sonido de un motor a toda marcha. En menos de unos segundos una luz emerge detrás mío y me rebasa.
Como si todo sucediera en un tiempo ajeno al mío, el coche se detiene en seco a menos de cien metros. Se queda inmóvil sin apagar las luces que por su parte quedan apuntando al bosque en el fondo. Las siluetas de los árboles que resultan de esto se alargan sobre los demás árboles y se asemejan a soldados tristes sin sueño.
Durante el tiempo que tardo en llegar al vehículo, las luces altas permanecen encendidas. A una distancia muy corta distingo que el vehículo es un antiguo coche de carreras. En el horizonte se asoma un azul desvelo que me devuelve energía. Entonces apresuro el paso y me detengo justo a su lado. Me apeo junto a la ventana del copiloto e inclino mi cuerpo para ver quien conduce. En cuanto mi cuello se divisa por el cristal del carro, este apaga sus luces. Del motor se escucha un aullido ronco y el carro acelera. Lo veo partir hasta que el sonido del motor se pierde.
Y vuelvo a caminar.

