Blanca

Cuando nos trajeron aquí era junio y la primavera se había regado por todos los campos alrededor. La tierra era verde; el aire, tibio. Los guardias paseaban tranquilos con los rifles enfundados. A veces bromeaban entre ellos. En esas noches, casi nunca pude dormir sin haber llorado antes.
Seguimos aquí, pero el invierno llegó. El río se seca. Los troncos crujen. El frío calla a los perros, que ya no ladran tanto cuando nos sacan a trabajar. Me gusta más así. El cielo es azul, la tierra es blanca. En la litera, abajo, hay uno que llora y murmura. Yo puedo dormir tranquilo.
