25

—Entiendo bien que usted le llamara joven, con sus 24 años encima, pero ¿no es viejo el que camina por su último pedazo de vida? y si le digo que desde niño él tenía esa idea pegada, la de matarse en su cumpleaños 25, pues ya no le faltaba tanto ¿no? ¿no era ya, a su manera, un viejo a punto de morir?
Razón no le faltaba. Por la noche odié al muchacho. Yo acababa de cumplir 50, lo que es decir que hace tiempo que había pasado esa edad, la única en la que uno puede decidir matarse y que resulte hermoso, no patético. Pasé por ella a ciegas, a solas, sin saberlo. Había llegado a otro tiempo, uno en el que todo el valor se usa para sentarse a esperar. Ojalá pudiera alguien ahogarse con la envidia como él con las pastillas. Hijo de puta.
