Este no es tu mejor momento

Entonces ella se acerca. Ella es reportera para un periódico local. O eso me dice. ¿Recuerdan al tipo que disparó contra Lennon? Bueno, pues ella tiene la misma mirada cuando se acerca y me dice que si podemos hablar. Me lo pienso un poco pero ella es bonita y dice que le gusta cómo escribo y eso es suficiente para que yo no tenga defensa. Entonces quiere hacerme unas cuantas preguntas.

— Bien, puedes empezar cuando quieras —le digo—, aunque quizá deberías esperar a que llegue mi mejor momento.

— No entiendo, —me dice.

— Da igual, comienza.

— ¿Estás borracho?

— Verás, ningún hombre que esté borracho acepta que está borracho, así que mejor pasemos a la siguiente pregunta.

— ¿Siempre te crees mejor que los demás?

— Prefiero pensar que los demás se creen menos que yo.

— ¿Y tienes algún buen ejemplo de eso?

— Bueno, la diferencia entre tú y yo es que tú estás aquí haciéndome una entrevista y yo a ti jamás te entrevistaría.

— ¿Crees que todo esto va a durarte para siempre, la juventud y la risa?

— Creo que puedo mantener la risa hasta mañana cuando despierte, y levantarte riendo es importante porque si lo consigues estás a medio camino de sentir que todo esto duele mucho menos.

— No te molestes, chico, pero esperaba más de ti.

— En cambio tú te ajustas exactamente a lo que yo esperaba de ti.

— Debes sentirte fantástico humillando a cualquiera con ese tipo de respuestas.

— Más que fantástico. Es como pararte a bailar frente al pelotón que acaba de fusilarte.

— Y sin embargo hay algo que no me queda claro, veo una parte vulnerable en ti.

— Yo veo mil.

— Venga, hablo en serio. Es como si en realidad no quisieras estar aquí ni compartir todo esto. Me parece que el problema es que necesitas tu soledad. Necesitas estar solo. Excepto cuando necesitas algo porque entonces llamas a una chica para después hacer que te deje y sentirte perdido. Eres débil.

— En eso tienes razón. Me debilito con rapidez.

— Tienes esa cosa tan propia de los escritores que no pueden soportar a la humanidad.

— Bueno, la gente hiede. Aunque tal vez mi problema es solamente que estoy acabado. Que no puedo escribir más. En algún lugar me perdí en medio de la noche.

— Disfrutas muchísimo teniendo lástima de ti mismo. Lo peor de todo es que jamás has escrito una historia de amor que valga la pena.

— Ya.

— Y si no puedes escribir una buena historia de amor entonces no sirves para casi nada. Creo que tu problema es que estás asqueado con la vida y contigo mismo pero que no eres infeliz con eso.

— No te ofendas pero no tienes que fingir que puedes ver el fondo miserable de mi alma. Esa mierda déjala para los psicoanalistas. Sé que no eres periodista y también te vi meterte un par de líneas en la mesa de la esquina y sé lo que puede pasar a continuación aquí.

— Está bien, solo quiero un comentario sincero.

— ¿La cruda verdad?

— La cruda verdad.

— Eres posiblemente la chica más atractiva y lista con la que he platicado últimamente y no tienes problemas con meterte una línea de vez en cuando, pero me haces sentir demasiado seguro de mí mismo y eso es signo de que no causas ningún efecto especial en mí.

— ¿Y hay alguien que te haga sentir inseguro?

— Hasta perder la puta razón. Ese es mi problema fundamental.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *