El problema del método

El bullicio te pone de malas. Que la galería esté atestada con señoras de Polanco empeora lo anterior. Nos buscamos a los ojos y coincidimos: a esto no se le puede llamar arte contemporáneo.

Deduzco, entonces, tu gesto de molestia y pienso en algo ocurrente. Me dices: “Nadie se deslumbraría con tu dialéctica.” Y tras aceptar la validez de ese espontáneo argumento, renuncio a cualquier refutación y concluyo que tienes razón. Nadie creería estas charlatanerías.

Vaya, insisto, he intentado escribirte unas líneas. Escribir sobre los viajes pendientes con gente diferente, elogiar las tiranías que solemos imponernos, del daño que deberíamos hacernos. De agonizar y reír.

Vaya, continúo, he intentado escribirte una historia incompleta. Tirar todos mis puntos (finales) e improvisar unas líneas que te expliquen mi obsesión con el problema del método. Confeccionar un párrafo que termine, elocuentemente, con una cita de Ambrose Bierce. Escribir de tinieblas y silencio.

Con pertinencia, me interrumpes. Tomas mi mano y salimos del lugar. Afuera el aire recobra su ligereza y, por un viento cómplice, somos empujados. Siento tu vestido de flores rozar mi mano y pienso que tienes razón. Nadie creería estas charlatanerías.

1 comentario en «El problema del método»

  1. Akira

    «Nos buscamos a los ojos y coincidimos: a esto no se le puede llamar arte contemporáneo.» ¡Eso es todo, equipo! Jaja. Me encanta, puedo sentir las palabras atoradas en la garganta cuando te interrumpen.

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