Cosas aparentemente inocentes

“El silencio me está deprimiendo. No el silencio del silencio. Sino mi propio silencio”. Eso dice el libro que estoy leyendo.
También dice: “Cierro los ojos y todo el mundo cae muerto; los abro y todos nacen de nuevo”. Y también dice: “Morir es un arte. Y yo lo hago excepcionalmente bien”. Y también dice: “Llevo la vida cosida a mí como un órgano raro”.
Y dice un montón de cosas por el estilo. Lo escribió una mujer atractiva y fascinante que un día, temprano, abrió la llave del gas y decidió matarse. Pero esto es solo una introducción para lo que realmente quiero contarte.
Tengo una cerveza en la mano. Y eso está bien. Si estuvieras aquí este momento sería perfecto, pero si no estás tampoco es tan malo. Tengo una cerveza en la mano. Y ya. Y tengo un secreto que darte, como se dice en estos casos.
Mi problema es que pienso demasiado en todas las cosas que están allá afuera, todas esas cosas que son aparentemente inocentes pero que podrían volvernos locos en cualquier momento.
Pienso en todas esas cosas en las que no quiero pensar: refrigeradores, agujetas, focos, estampas, el papa, publicidad, puentes colgantes. Y te juro que no quiero pensar en eso.
Y tal vez creas que solo soy antipático. O pesimista. Pero yo no quería ser pesimista. Ser pesimista era lo último que yo hubiera querido. El problema son todas esas cosas que en las pienso antes de quedarme dormido.
Y tengo que pensar en ellas porque de otro modo tengo la manía de pensar en curvas, pendientes y precipicios. O en cualquier figura que caiga. En descensos. En saltos al vacío.
Si no pienso en esas cosas aparentemente inocentes entonces pienso en cómo escapar de este país y de mis amigos. Falsos amigos a los que voy a defraudar. Y pienso en pistolas que se van a trabar cuando las quiera disparar. Y pienso en todos esos sueños de miedo que ahora mismo no recuerdo muy bien.
En fin, lo que quería decirte es que ahora todas las noches antes de dormir pienso en ti. Y quería contarte que funciona: la mierda desaparece un poco y pienso menos en esas cosas aparentemente inocentes. Y supongo que eso está bien.

Increíblemente romántico, Charlotte. Me gusta como me gusta lo que has escrito.
Yo estaba ahí cuando leías a Sylvia Plath! Fui testiga 🙂
«Y quería contarte que funciona». «Y supongo que eso está bien».
Ay, ingenua de mí. Creí que responderías a mis comentarios y ahora que leo el resto de tus textos veo que eres un antipático y nunca contestas nada. Buuu.
Al final sí es antipattico y pesismista aunque diga que no quería serlo.
«Lo que quería decirte es que ahora todas las noches antes de dormir pienso en ti. Y quería contarte que funciona: la mierda desaparece un poco». Ahhhhhh (notese el suspiro)
Si esto fuera facebook le daria así como que mil likes… no bueno… sin palabras!!… ya se extrañaban tus escritos..
Me gusta cuando sacas textos de la nada o de lo que parecería nada, y son todo. Un abrazo.
podría decirte que me gustó y eso… pero les recomiendo a todos los letrasados que no dejen de publicar tanto tiempo, creo que el proyecto es bueno y no deberían abandonarlo.. se los dice una fiel lectora… por cierto, carlos, te dije que este texto me fascinó? jejeje mucho!!!
Según yo, tienes ambos talentos-defectos: puedes hacer que la mierda desaparezca pero también puedes crearla. Algo así como un agujero de caos donde una se siente a gusto. No me digas que no lo sé. Beso.
Ya antes había intuido que te gustaba Sylvia Plath, pero ahora lo confirmo. Había identificado un pequeñito tono «oscuro» sabor Plath en tus textos y muchas otras influencias a las que al final les das un tono muy de ti. Bravo por este «texto plathero».
Me gusta que sigas teniendo secretos para contar 🙂
«Falsos amigos a los que voy a defraudar. Y pienso en pistolas que se van a trabar cuando las quiera disparar. Y pienso en todos esos sueños de miedo que ahora mismo no recuerdo muy bien» 🙁
O sea… un mes después!!! Pero me encantó. El problema son todas esas cosas en las que pensamos antes de quedarnos dormidos.
Chingón, maestro. Sin más. Saludos.
Si te fijas, 11 mujeres te han escrito (12 contandome), pero no voy a externar lo malo que eres escribiendo pues ya lo sabes. El ser malo para escribir es uno de esos secretos que no tienes que contar pero que todos sabemos.