Belgrado

¿Y eso qué tiene que ver?, preguntas quisquillosamente. Todo, respondo. Como el polvo rojo que se pasea en las venas o el aliento que se escurre en la noche y congela un sueño en Belgrado.

Nunca he visitado Europa, dices. No hace falta, respondo. Basta imaginar una onda errante que de no ser por nuestro miedo a la nada, vagaría hasta extinguirse. Algo así como tú y yo: dos flamas apagándose de tanto calor.

¿Y eso qué tiene que ver?, insistes con la mirada pausada. Absolutamente todo, repito. Como un remordimiento perforándote un riñón o como aquel hombre que quería suicidarse con una bala perdida y nunca murió.

No hables de finitud, me dices mientras se derrumban los minutos a tu alrededor. Es mi forma de boicotear la trascendencia, explico. De hacer una fogata en un depósito de pólvora. Algo así como tú y yo: una estalactita en una cueva sin gravedad.

¿Y eso qué tiene que ver?, cuestionas un tanto exasperada.  Definitivamente todo, digo. Como aquel mago que sólo desaparece cosas invisibles o como descubrir poesía en un crucigrama. Algo así como tú y yo: dos galimatías en perfecta sincronía.

2 comentarios en «Belgrado»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *