Una historia donde la gente muera

¿Sorprendido? Pues claro que estoy sorprendido. No esperaba a nadie y de repente escuché que tocaron la puerta. Abrí y era ella.

Ahora está aquí, parada frente a mí y dice que le cuente una historia donde la gente muera, un cuento que la haga reír de veras. Y tiene una pistola y me apunta por encima de la oreja. O empiezo a contarle la historia o me vuela la cabeza.

Y yo intento tranquilizarme. Entender lo que está pasando. Cuento hasta diez. Cuento hasta mil. Le digo que ahora mismo no se me ocurre nada, que debería volver el fin de semana. Pero ella está irritada. Dice que a la cuenta de tres dispara.

Y yo estoy sudando y tiemblo como un perro con miedo. Un paréntesis: ¿has tenido una pistola sobre tu oreja? Bueno, es fría y apesta, como el fierro húmedo del pasamanos en el metro.

Entonces me dice que me siente frente a la computadora. Y yo obedezco. Ella tiene el arma. Ella manda. Dice que abra un maldito documento y escriba una historia donde la gente muera. Sí. Un cuento que la haga reír de veras. Tienes quince minutos, me dice, o pongo una bala en tu cabeza.

Y yo escribo algo, cualquier cosa, lo primero que se me ocurre:

«¿Sorprendido? Pues claro que estoy sorprendido. No esperaba a nadie y de repente escuché que tocaron la puerta. Abrí y era ella…».

10 comentarios en «Una historia donde la gente muera»

  1. Cinthya Dorantes

    Imagino al pobre tipo escribiendo con la presión de tener la pistola encima. Me gustó la idea. Es como si asaltaran a un escritor en la calle, qué otra cosa le podrían robar más que una historia.

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  2. Mayra T.

    Me acordé de La Canción: “Bang bang. He shot me down. Bang bang. I hit the ground. Bang bang. That awful sound. Bang bang. My baby shot me down”.

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  3. Humberto C.

    Creo que en la literatura —en la buena literatura, por supuesto—un texto te hace reflexionar o de plano te parece brillante. Éste cabe en el segundo caso.
    Se intuye arrogancia en tu personalidad, eso ya se ha dicho, pero además se adivina una gran arrogancia en tu misma escritura, presumes que puedes hacer cosas como éstas o como todo lo anterior que has hecho… sí, aunque digas que no te importa, que tú “no deberías escribir”, bla, bla, bla. Bravo por la arrogancia.
    ¿Por cierto, qué pasa con los demás letrasados?
    Saludos a todos.

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  4. Graciela Mayoral

    No es que ya estés perdonado, malo, pero te aviso por acá que vamos a tomar este texto para publicarlo en la edición de junio de la revista (y a ver si pronto te dejas ver, ¿no?, ya ni con cita puede una saludarte).

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  5. Ximena

    Un día, en que no esperes a nadie, vas a escuchar que tocan tu puerta y vas a tener que contarme todas las historias que me debes. Un pago forzado, digamos.

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  6. Beatríz B.

    ¿O sea que hay que llegar a esos extremos para que te dignes a escribir algo para alguien? Cuidado entonces, eh. Jeje Muchos besos.

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  7. Fermino

    Y yo digo: no hay nada más mierda que dejarlo ir. Se me fue la perra con la jodida pistola, y yo soy demasiado apático para seguir…

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