Siempre te harás daño

Todo lo que necesito es una habitación pequeña donde pueda encontrar mi estúpida sombra. Y quizás algunas cervezas. Pero si no tuviera cerveza, igual estaría bien. Porque lo que realmente necesito es una habitación pequeña. Y entender algunas cosas.

Por ejemplo que debe existir un lugar hacia donde podamos mirar para que amanezca más rápido. Por ejemplo en el nombre de todas esas venganzas que caminan por los pasillos del mundo. Por ejemplo que me siento más identificado con la gente que está muerta que con la que camina a mi lado. Entender ese tipo de cosas que a nadie le preocuparía demasiado.

El caso es que estaba pensando en esas cosas idiotas cuando comenzaron a gritar desde afuera. Desde la calle, quiero decir. Nada importante, sólo uno de esos gritos que de vez en cuando escuchas y piensas que no es nada, que sólo es la calle gritándole a nadie. Entonces no haces caso. Entonces te haces el sordo.

Pero si escuchas ese grito una y otra vez, comienzas a desesperarte. Porque ese grito que era para nadie de pronto comienza a ser familiar y molesto (como todas las cosas familiares). Y aquel grito que antes estaba en la calle ahora está parado junto a la ventana, claro y potente.

Y asomado por la ventana, El Grito dice: «Tarde o temprano saldrás. Sabemos que no puedes pasar los viernes en casa. Nos disfrazaremos de alguna chica agradable que te hable de películas francesas, que te hable de Céline y de Dostoievski, si hace falta. Traeremos vino. Y te haremos daño».

Cuando un grito te dice ese tipo de cosas, lo más recomendable es cerrar la ventana, seguir buscando tu sombra y pensar en el nombre de las venganzas que recorren los pasillos del mundo. El problema es que el grito ahora está dentro, bajo la cama, en todas las paredes, gritando en el piso y en el puto techo.

Entonces El Grito dice: «No te resistas. Es inútil que evites escucharnos. No estamos en la calle. No estamos en la ventana. No somos tu puto techo. Estamos dentro. Somos tú. Grita tu cuerpo. Y te haremos daño».

Bien, en este momento piensas que has bebido demasiado, que necesitas dormir algunas horas, que si vomitas todo se aclarará un poco. Pero no. El grito son tus oídos. El grito son tus labios. Así que no te hagas el sordo. Así que no voltees hacia otro lado.

Y El Grito dice: «Venga, ya; sabemos que la echas de menos. Sabemos que Ella es la diferencia entre agonizar o estar muerto. Venga, ya; sabemos que la sombra que buscas y no encuentras es Ella. Venga. Venga. Venga. Venga, ya. Sabemos que siempre la seguirás llamando. No hay gritos. No hay sombra. Y siempre te harás daño».

Y eso está bien, piensas. Y sigues gritando.

9 comentarios en «Siempre te harás daño»

  1. Humberto Calderón

    Me da gusto que vuelvas a publicar, pues hacía tiempo que no lo hacías. Éste me parece un magnífico relato, que a diferencia de tus anteriores publicaciones tiene un poco más de “coherencia narrativa”, es decir; hay un “tema”, y sin embargo se siente tu original estilo, digamos, desordenado y caótico, esas estructuras por las que uno sabe que es un texto tuyo y que parecerían “simples” pero las utilizas de tal modo que aparecen geniales, y con ello evitas retórica y toda forma de pretensión, lo que para nada es fácil conseguir. En fin, cada vez son menos fallidos tus disparos. O, si te gusta más, cada vez fallas mejor en tus disparos. Éste, en particular, me pareció un buen experimento. Un abrazo, “anti escritor” (por lo que he leído de quienes te conocen un poco mejor).

    Responder
  2. Mayra Torres

    o sea aquí el único que amablemente responde comentarios es Sergio Bárcenas, qué pasa con los demás!!! De eso se trata el blog de que interactúen con los lectores, no? En fin… me encanta lo que escribes (por eso mi obsesión porque contestes jeje)

    Responder
    1. G.

      Creo que depende de la personalidad de cada autor, por lo menos yo no imagino a Carlos respondiendo “amablemente” a cada comentario.

      Responder
  3. Ana Manzanarez

    Tienes talento eso es obvio y todo mundo te lo dice, así que no vy a subir más tu ego, a mó personalmente me parece muy extraño y divertido tu estilo pues auque los temas sean oscuros y pesimistas la forma en que acomodas las palabras es irónica y divertida

    Responder

Responder a marcial t. Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *