De cómo Esperanza Lujambio escuchó un grito cuatro segundos antes de acercarse a la ventana

Esperanza Lujambio no había alcanzado el quinto peldaño de la escalera para el momento exacto en que su hija quinceañera, de pronto implicada en un atronador caso de coprofagia y sodomía (simultáneas) grabado en video, se lanzara al vacío desde el cuarto piso del edificio de departamentos. En el momento en que usted lee esta línea, Alejandra —pues tal es, era, el nombre de la recién suicida adolescente— estará cumpliendo 11.6 segundos exactos de haber impactado el hemisferio lateral izquierdo de su cráneo contra el recubrimiento de adoquín de la banqueta instalado en 2003. No podríamos decir que ésta fue la causa de su muerte; al tiempo que la señora Lujambio saludaba con una rutinaria inclinación de cabeza al vecino del A-301, oficinista de la vieja izquierda con ínfulas de ser el último poeta revolucionario, el corazón de Alejandra se detenía de golpe a escasos 2.5 metros de impactar el concreto, habiendo cumplido un ciclo de vida de 685, 894,113 latidos en poco más de quince años. De modo que este texto se detiene aquí, cuatro segundos antes de que Esperanza (ella sabrá disculparnos la familiaridad repentina) abra la puerta del departamento y ocho segundos antes de que la sobresalte el primer grito de horror y las rápidas pisadas murmurantes que vendrán de la avenida, sin que ella intuya aún ninguna relación entre ellas y la ventana abierta del recibidor.

Muy buena la idea, pero me parece que le pudiste dar un toque más personal, no tan estándar. Con algo que te haga diferente, con ese algo que tienen los escritores que los hace ser únicos, haz que digamos desde la primera línea «este texto es de Sergio Bárcenas». No tomes el estilo de los demás letrasados. Aunque, bueno al menos no hablas de estaciones del Metro ni de culos que son una poesía…
Sin más, muy buen esfuerzo letrasados. Sigan dándonos ratos amargos.
Chulo, sin más…
Que tal Inéz. Con el riesgo de resbalar en el lugar más común, te digo lo que te diré desde la entraña más sincera: Gracias dobles, por leer y por comentar. Lo que comentas es, supongo, el fin último soñado por cualquiera que escriba: Forjar un estilo individual. No creo que estemos tomando uno el estilo del otro, después de todo cuando nació esta ocurrencia, este cuaderno, la apuesta fue por el desarrollo de cuatro estilos, no el de uno solo con cuatro firmas. Más que pedirte que me des a mi (y a los demás letrasados) el beneficio de la duda, te sugiero que no dejes de pasearte por aquí ni de comentar. Acabo de subir mi rato amargo de esta semana. Ojalá poco a poco, texto a texto y semana a semana me encamine a eso que dices. A que tu me leas y digas: Ah, este es de Sergio. O de Carlos, o de Fermín o de mi tocayo. Un abrazo…