Apunte de sincera ingenuidad

J. es un tipo ignorante, alguien que no sospecha la escasez de las cosas buenas porque nunca ha tenido cosas buenas. Prueba de ello es el boleto de entrada al espectáculo que está a punto de presenciar, regalo tardío de una suerte ebria y dadivosa.  Él, excluido de delirios de aniquilamiento, se sienta en la esquina del colchón forrado de sábanas rojas. Asume su posición como espectador de primera fila. Y piensa:

“Esto no puede pasarme a mí.”

El desfile de pequeñas muertes inicia. Ella abre la puerta del baño y libera de su cárcel de mezclilla a dos seres altivos que se pavonean de su perfección. J. es incapaz de refutar este argumento, también ve algo irrepetible en ese par. Se advierte a sí mismo:

“No digas nada.”

Su mirada escapa y persigue las intermitentes luces impregnadas en los dos seres-piernas que repentinamente, se tiñen de placer. ¿Quién es el cínico altruista culpable de este sueño? El contexto indica que un dios en rehabilitación. J. reacciona a tiempo y evita la interrupción de cualquier pensamiento religioso en la incuestionable obra de arte de la cual es testigo. Reflexiona:

“De lo que me he perdido.”

Resueltos y a la vez vulnerables, los dos seres-piernas caminan hacia él. J. no recuerda haber visto antes tanto esplendor en un ente vivo. Cuando los dos seres-piernas se sitúan frente a J., éste se sabe finalmente recompensado. Confiado, un impulso en sus manos le ordena un contacto de bienvenida. Los dedos trazan la respuesta al acertijo oculto en los tres lunares que exhibe el integrante izquierdo de este dúo devastador. Y confiesa:

“Qué suave piel.”

Rendido ante la supremacía del momento, J. se llena de valor y rodea con sus manos a los dos seres-piernas. Apunto de decidir coser sus palmas a aquella existencia, la insinuación de una curva lo hace mover sus dedos hacia arriba. Lo inimaginable sucede y sus ojos lo confirman. Cualquier incertidumbre sobre su actual estado de gracia queda eliminada. J., ajeno por completo a la retórica pero dueño de una sincera ingenuidad, declara:

“Tu culo es poesía.”

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