La invención del por siempre posible
Vamos a tomar primero cerveza y luego ron y vodka y ver Facebook en mi teléfono y darle like a fotos absurdas de gatos que dan risa. Vamos a hacer videos de nosotros caminando borrachos por la Condesa en medio de una tormenta.
Vamos a llegar a mi departamento y a bañarnos por separado y luego a encontrarnos en la cama. Vamos a poner Spotify desde mi iPad y alternaremos entre una emotiva canción con guitarras de mediados de los 90 y una canción realmente melancólica que solo tenga sonidos creados por software y computadoras.
Vas a apoyar tu cabeza en mi hombro y yo voy a acariciarte el cabello y voy a pensar en escribir una novela sobre nuestra generación y sobre Facebook y sobre la tristeza y tú vas a mirar al suelo y a pensar en tu infancia y un poco en la muerte y en el aburrimiento y luego te voy a preguntar si quieres fumar y tú vas a decir que vale y yo voy a preparar uno pequeño para ambos.
Y luego vamos a hablar sobre sangre y zombies y sobre lo raro que nos parece Japón y sobre Islandia y sobre la idea de viajar a Europa y la forma en que ahorraremos hasta el último puto peso y luego vamos a hablar sobre canciones que tengan una letra triste y una melodía alegre.
Luego vas a decir que estás cansada y yo voy a decir que vale y a entender que no te refieres solo a este día sino a que tus 25 años han sido una espera larga. Y voy a acariciar tu hombro y a jugar en tu estómago con mi mano derecha y a preguntarte si estás dormida.
Luego me vas a decir que no y a pedirme que te cuente algo y que ese algo puede ser lo que sea. Y yo voy a decir que no sé qué contarte pero después voy a decirte que de un tiempo hacia acá he pensado en que el secreto para soportar la vida es repetirte a ti mismo que nada de esto es real. Que todo es una historia que nadie sabe contar. Y que si haces eso noche y día se genera una sensación de confusión. Y al final no sabes qué ha sido verdad y qué no.
Y tú vas a decir que eso lo has leído en alguna parte y yo te voy a decir que yo también y que en realidad me lo acabo de robar y tú vas a decir que tendría yo que ser más original pero de todos modos te vas a reír un poco.
Luego me vas a decir que tal vez ya no tengo mucho más que contarte y yo te voy a decir que es probable, que estoy agotado. Y me vas a decir que quizás solo sea una crisis de creatividad y yo diré que no puede haber una crisis donde nunca hubo prosperidad y vas a decir que es odioso que siempre haga eso, que responda con alguna frase supuestamente ingeniosa, y me vas a decir que debería probar decir cosas directas y simples. Y yo te diré que ser simple es carecer de veneno. Y entonces tú te reirás y me darás un beso.
Luego cerraré los ojos veinte o treinta o cuarenta segundos mientras pienso en cosas como el futuro y la muerte y el día siguiente y el tedio.
Luego me vas a dar un golpe ligero para que reaccione y me vas a pedir otra vez que te cuente algo. Y yo voy a pensármelo un poco y luego a decirte que me gustas y que eres una enfermedad. Una adicción. Una fiebre. Una especie de hipnosis. Y que lo único que realmente quiero por ahora es que lo hagamos de una forma tan tierna que resulte violenta y que todo estalle en la habitación mientras nosotros alcanzamos el primer orgasmo. Y mientras te digo eso voy a agitar las manos como un demente simulando el humo que deja una bomba atómica y tú te vas a reír mucho pero después vas a decirme que vale, que eso está muy bien, pero que lo de la enfermedad, la fiebre y la hipnosis ya lo has leído también en alguna parte. Y yo te voy a decir que supongo que ya estará escrito en algún libro porque no eres la primera chica que inspira a un genio.
Después vas a tomar mi iPad y a poner otro disco el cual yo voy a quitar de inmediato porque me recuerda a una ex novia y voy a terminar poniendo el disco que siempre pongo y vas a quejarte y a decir que siempre escuchamos a Radiohead. Y entonces yo voy a cambiar de disco pero después de una canción voy a regresar a Radiohead y para este momento ya estarás de acuerdo conmigo.
Y te voy a decir que un momento así, contigo a un lado y con la hierba haciendo efecto y con Radiohead sonando, es el momento que quisiera guardar para siempre. Y entonces tú te vas a voltear para verme de frente y las luces de los autos y de la ciudad entera se van a filtrar por la persiana y van a alumbrar la ligera cicatriz que tienes en la ceja izquierda y me vas a decir que todo el tiempo estoy hablando de “por siempre” pero que “por siempre” tal vez no exista.
Y vas a decir que lo mejor es aceptar que ahora estamos juntos y pensar solamente en eso porque no te parece sano idealizar sobre el futuro porque el futuro es como una guillotina que no deja de avanzar hacia nuestros cuellos.
Y yo te voy a decir que ya sé todo eso porque me he leído un montón de libros al respecto y luego voy a tratar de convencerte de que el “por siempre” del que te hablo no tiene nada que ver con el futuro. Y tú vas a terminar de acomodarte en la cama y a decirme que eso suena muy bien pero que no tiene sentido porque el “por siempre” necesariamente debe estar instalado en el futuro.
Entonces yo te voy a decir que el “por siempre” del que te hablo ni siquiera está comprometido con el tiempo y tú vas a decir que eso parece interesante pero que no crees que pueda defenderlo, o sea defenderlo con palabras que de verdad tengan sentido y no eso que hago siempre de acomodar palabras para defender caprichos.
Y yo me voy a reír y a poner cara de listo y a decirte que puedo defender cualquier cosa por medio de las palabras. Que puedo defenderlo o crearlo o matarlo o hacer que nunca haya existido. Y que puedo hacerlo “por siempre” mientras sigas a mi lado.
Entonces tú vas a decir que si solo puedo hacerlo mientras estés a mi lado no sería “por siempre”, sería solo mientras sigues a mi lado. Y yo pondré cara de escritor arrogante y te diré que justo a eso me refiero, que el “por siempre” del que te hablo solo tiene sentido si estamos juntos, como un tipo de inmortalidad.
Y tú vas a decir que vale, que ya entiendes lo que quiero decir y que vale, que es muy romántico, que soy bueno haciendo eso: esa forma en que uso las palabras y hago que aparezca algo donde no había nada.
Y yo te digo que ahora se supone que deberías besarme de un modo que encienda cierto tipo de pasión sexual. Y tú dices que primero vas a cambiar el disco y abres Spotify y pones algo con guitarras demasiado altas y cuando cierras el iPad te das cuenta de que en realidad no querías escuchar eso y la abres de nuevo y al final pones otra vez Radiohead y dejas el iPad en el piso y luego te acercas a mí y te subes y quedas montada y me sujetas las manos por encima de la cabeza y me besas y de ese modo es que entiendo que no voy a poder escaparme ya de ti y que este momento es “por siempre”.

