La huida es un engaño
//ernest vail

Esto es lo malo de que el mundo sea redondo. Que ella nunca podrá escapar tan lejos como quisiera. Ni yo. Aunque corramos tanto que vomitemos porque la respiración se nos acabe y los músculos de las piernas se llenen de ácido láctico y duelan tanto como duele mantenernos vivos y mantener la sonrisa y mantenernos pagando impuestos. Lo que trato de decir es que nunca podremos irnos de veras.
Porque esto es lo malo de que el mundo sea redondo. Que por más que corramos siempre volvemos al mismo punto. Que estamos escapando en círculos. Que esta es la vuelta al mundo en una vida. Que la huida es un engaño.
Todas las carreteras y las rutas aéreas son un laberinto que siempre regresa. Y ni yo ni ella vamos a poder escapar para siempre. Solo estamos dando vueltas, revisando opciones, tejiendo un plan que nos haga más tolerable la espera.
Y supongo que eso es lo malo de que el mundo sea redondo, que la historia se vuelve un ciclo, un viejo y gordo libro con el mismo número en todas las páginas. Por eso ella corre tanto. Por eso la sigo. Es la ilusión de estar escapando.
Y mientras tanto afuera llueve y se hace noche y toda la tristeza del mundo no cambia nada. Porque nada cambia nunca. Nada. Luego ella dice: “A pesar de todo a veces las cosas son tan extrañas que te causan risa. Aunque la gente se mate”. Luego me da un beso. Pero darme un solo beso es como dejar a Cristo colgando de un solo clavo.
