Todas las preguntas simples de las mujeres
─¿Qué hacías antes?
─Antes tenía un trabajo. Ya sabes, uno de esos que te atan todos los días y en los que piensas durante las noches y hacen que todos los minutos te parezcan iguales. Dormía poco, dos o tres horas cada noche y todo el tiempo me sentía al principio de algo y al final de algo. Los días formaban una caída en espiral y en general me mantenía con la sensación de estar herido.
─Vaya, es una respuesta complicada para una pregunta tan simple.
─Las preguntas de las mujeres nunca son simples porque las mujeres siempre son algún tipo de realidad compleja. Las mujeres nunca son nada.
Cuando termino de decirle eso me arrepiento pero ya es demasiado tarde. Eso pasa todo el tiempo. Abres la boca solo para asesinarte. Te tiendes trampas con tu supuesto ingenio. Entonces mejor das otro trago y miras al resto de la gente como si entre ellos estuviera alguien que pudiera salvarte. Pero todos están revisando Facebook en sus teléfonos. Entonces mejor te sigues hundiendo. Otro trago. Nada de esto te importa realmente. Otro trago. Nada de fotografías junto a tu obra. Otro trago. Nada de firmar ejemplares. Otro trago. Nada de ser el joven genio que la literatura estaba esperando. Sencillamente quieres escribir diez mil palabras que funcionen como selección natural evolutiva: que desaparezcan las personas que no puedan con ellas. Entonces algo te despierta de tu ensueño. La chica sigue frente a ti. Y la chica sigue preguntando:
─¿Y cómo te sientes ahora que haces lecturas en voz alta y firmas autógrafos y te hacen preguntas simples que son complejas?
─Lo único que ha cambiado es que tengo más amigos en Facebook.
─No pareces un chico de amigos ni de Facebook.
─Ni tú una chica de libros.
─Vaya, es fácil desatar tu odio.
─Pero es odio contra mí mismo.
─Tú no te odias. Tú te amas demasiado.
─Demasiado amor hace daño. Es lo que nos han enseñado los sabios.
Luego otro trago. Mañana tienes que dar una lectura en una librería que odias. ¿Habrá más de cien personas? Por la noche cena con tu editor. Tienes comezón en el codo desde hace tres días. Nota mental: podrías morir de melanoma de piel, de linfoma cutáneo, de sarcoma de Kaposi. ¿Por qué la gente habla de esa forma horrible y vulgar? Parecen cerdos masticando palabras. Entonces vuelves a la realidad. La chica vuelve a preguntar:
─Leo lo que escribes desde que tenías un blog con un par de amigos.
─Son tropiezos. Antes tropezaba todo el tiempo. Creo que tropezar siempre implica algún tipo de accidente.
─¿En qué momento decidiste escribir en serio?
─Bueno, un día estaba esperando cruzar una calle por la noche y me di cuenta de que todas las luces se encendían y se apagaban en el mundo sin que yo importara. Las luces de los cines y los restaurantes y los coches y los semáforos y las ambulancias. Así que decidí hacer que mis dedos fueran interruptores que pudiera controlar.
Luego bajas la vista. Luego notas que alguien pisó la punta de tu zapato. Luego no recuerdas qué desayunaste esta mañana. ¿Por qué cada segundo del tiempo nos apuñala la vida? Nota mental: La comezón en el codo también puede ser un histiosarcoma maligno o carcinoma de Merkel, pero eso no importa porque igual te vas a morir un día. Otro trago. La chica sigue hablando:
─Pero el cielo no deja de ser negro solo porque tú escribas que es azul claro.
─Me gusta el cielo negro, nunca lo haría azul claro.
─Venga, sabes a qué me refiero.
─Ya lo sé. Solo digo que a veces tienes talento y lo usas para describir el modo en que todo está cayendo.
─¿Pero cómo sabes que lo tienes?
─Todos creen que lo tienen, de otro modo nada tendría sentido.
─¿Pero cómo sabes que eres un elegido?
─Bueno, no lo sabes, es un tiro en la oscuridad, aciertas o eres una persona normal y civilizada, de 9 a 6, te casas y tienes niños.
Nota mental: cierra la boca. Nota mental: La cena con tu editor es el viernes, no mañana. Otro trago. ¿Por qué todo el mundo prefiere la vida que tiene en Facebook? Nota mental: la comezón en el codo también puede ser por las sábanas nuevas. Nota mental: la idea de morir te había excitado. Y luego un trago más antes de escuchar la interesantísima conclusión que la chica tiene sobre mí:
─Creo que uno puede ser muy pesimista o muy existencialista o lo que sea pero también puede enamorarse como cualquier idiota lo haría. Y creo que tú estás enamorado.
─Eso es obvio. Es decir, tengo una novela y esa novela necesitaba un origen, una historia, un tema, una explosión que me dejara cenizas de dónde partir.
─Puedes usar las palabras para defenderte pero en el fondo es como ser un idiota cualquiera. Pero eso no importa, eres tú y todos piensan que a ti no te puede ocurrir eso. Eres la esperanza de los que no pueden conseguir ser amados y que además no les interesa. Eres su ejemplo. Su referente.
Luego terminamos nuestros tragos. Luego me toca el brazo. Luego nos vamos en su auto.
@ernestvail

